Un nuevo estudio revela que los europeos quieren una unidad más profunda pero dudan que el continente puede entregarla
Una encuesta de seis países identifica una brecha entre el apoyo a la integración europea y la confianza de que las instituciones políticas pueden responder eficazmente a la guerra, la presión económica y la inseguridad.
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Ambición sin confianza
Un nuevo estudio basado en 5.800 entrevistas en Francia, Alemania, Italia, los Países Bajos, Polonia y el Reino Unido encuentra un fuerte apetito público por una Europa más unida junto con un profundo pesimismo sobre si ese objetivo es alcanzable. El 73 por ciento de los encuestados describió un futuro deseado que involucra la unidad política, la paz, la seguridad o la prosperidad, mientras que sólo el 13 por ciento quería menos integración o la disolución de la Unión Europea.
Las medidas de confianza fueron significativamente más débiles. Cincuenta y seis por ciento dijo que el futuro de Europa estaba en peligro, y el 74 por ciento creía que el continente estaba tratando sus principales desafíos mal. Los respondentes más a menudo identificaron la guerra, la presión económica y la necesidad de mayor autonomía internacional. Los hallazgos apuntan a un problema político que es diferente al simple Euroscepticismo: muchos votantes todavía apoyan la acción colectiva pero no confían en las instituciones existentes para producirlo.
Cómo los hallazgos se ajustan a una encuesta más amplia
La interpretación del estudio es ampliamente coherente con, pero no idéntica a, la reciente encuesta oficial de la UE. El Eurobarómetro de primavera de la Comisión Europea encontró que el 73% consideró a la UE como una fuente de estabilidad, el 81% apoyó una política común de defensa y seguridad y el 51% confió en la UE. También encontró que seis de cada diez encuestados estaban optimistas sobre el futuro de la Unión. Las diferencias en preguntas, muestras y cobertura geográfica significan que los resultados no deben ser tratados como contradicciones directas.
El nuevo informe se centra particularmente en la división entre los resultados deseados y la capacidad institucional percibida. Casi un tercio de los encuestados criticó la lentitud europea, y una parte similar destacó el fracaso de enfrentarse a poderosos actores externos. El Guardian informa que estas frustraciones fueron especialmente pronunciadas entre los votantes atraídos a los partidos de derecha radical, pero también afectaron a un grupo menos estable que mantiene valores proeuropeos mientras dudan de la capacidad del bloque para actuar.
Esa incertidumbre puede ser decisiva cuando los gobiernos debaten la defensa, la seguridad energética, la migración y la competitividad. La prueba política inmediata será si los líderes europeos pueden conectar grandes programas estratégicos con resultados nacionales visibles. La encuesta no prevé los resultados electorales, y su muestra de seis países no debe extrapolarse mecánicamente a todos los estados europeos. No obstante, proporciona pruebas nuevas de que las exigencias de mayor unidad pueden coexistir con la desilusión, una apertura disponible tanto para los defensores de la integración que prometen entrega práctica como para los partidos nacionalistas que presentan parálisis institucional como prueba de declive.