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11 de septiembre: las teorías de la conspiración ganan nueva influencia en la política estadounidense

Vinte y cinco años después de los ataques, las reivindicaciones no apoyadas están siendo amplificadas por figuras políticas destacadas y reemplazadas alrededor de las disputas actuales sobre la confianza del gobierno y Israel.

Traducción automática · Original en inglés · Ver original

Desde los foros de fringe a las plataformas políticas

Las teorías de conspiración sobre los ataques del 11 de septiembre se han acercado más a la política estadounidense, amplificada por comentaristas destacados, aliados políticos del presidente y sistemas de redes sociales que recompensan las afirmaciones provocativas. Un nuevo análisis de Al Jazeera publicado para el 25 aniversario muestra cómo las narraciones una vez limitadas a sitios web especializados ahora circulan a través de grandes podcasts, plataformas de vídeo y movimientos políticos organizados.

Las teorías varían, pero su característica común es la sustitución de pruebas documentadas con afirmaciones no apoyadas sobre el estado oculto, la inteligencia o la responsabilidad extranjera. Algunas de las sospechas reviventes de que las torres del World Trade Center fueron destruidas por la demolición controlada. Otros implican la CIA, un llamado estado profundo o Israel, que a menudo adapta historias mayores a la ira contemporánea sobre Gaza, la guerra iraní y la política exterior estadounidense.

El análisis vincula el cambio a dos tendencias de fortalecimiento. La confianza en el gobierno fue dañada por la guerra de Irak y falsas afirmaciones sobre armas de destrucción masiva, mientras que las plataformas sociales permitieron que los materiales enganosos circularan a una velocidad enorme. Las figuras políticas luego dieron a las teorías seleccionadas una visibilidad adicional, alentando al público a tratar su repetición por personas influyentes como evidencia.

Las consecuencias políticas más allá del debate histórico

La cuestión es importante porque la política conspiratoria ya ha ido más allá de la discreción sobre un evento pasado. Al Jazeera conecta el patrón con falsas afirmaciones sobre el lugar de nacimiento de Barack Obama, QAnon y la narración de elecciones robadas que ayudó a movilizar el ataque del 6 de enero de 2021 en el Capitolio de los Estados Unidos. En cada caso, una explicación no apoyada ofreció a los seguidores un enemigo completo y una razón para distorsionar las pruebas institucionales.

La proclamación del aniversario de la Casa Blanca proporciona la base oficial de los hechos: los terroristas de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales, golpeando tanto las torres del World Trade Center como el Pentágono, mientras que el cuarto avión se estrelló en Pensilvania. La conmemoración no resuelve todos los litigios políticos que surgen de los ataques, pero distingue el evento documentado de la especulación política posterior.

Lo que hay que ver no es si el material fringe desaparece; es si los candidatos, los titulares de oficinas y los principales radiodifusores continúan legitimándolo. La ejecución de las plataformas, los incentivos políticos y la confianza pública determinarán el alcance de la próxima mutación. El riesgo democrático central surge cuando se usan narraciones no apoyadas para justificar la hostilidad hacia las minorías, rechazar los resultados electorales o retratar el desacuerdo institucional ordinario como prueba de una conspiración secreta.